martes, 20 de octubre de 2020

EL BAR CALIPSO

El reciente post que me enviaste sobre la economía peruana me ha motivado a escribir esta pequeña historia.

Es verdad que la economía del país ha mejorado mucho en los últimos treinta años, a pesar de los desastrosos gobiernos que hemos tenido en esa misma época.  El que el Perú sea ahora un país atractivo para vivir lo atribuyo, en parte, a la buena calidad de la formación de los economistas, de la cual yo, modestamente, también me he beneficiado.

Uno de los economistas más reconocidos en América Latina es JV, exalumno de mi facultad a quien, apenas regresó de haber obtenido su doctorado en Estados Unidos, le asignaron el dictado de un curso altamente teórico de economía.  Fue un desafío seguir ese curso porque lo enseñaba a nivel de doctorado y no de bachillerato, aunque luego de una protesta por parte de nosotros, tuvo que simplificarlo un poco.  JV era un profesor muy serio y dedicado, y no socializaba con nosotros, a diferencia de otros profesores que les encantaba ser populares.

Pasados algunos años, cuando ya frecuentaba las discotecas de ambiente, me encontré sorpresivamente en una de ellas con un amigo cercano de la promoción, que había resultado ser gay también.  En nuestra conversación, Johnny me hizo una breve lista de la gente que conocimos en la universidad y que a él le constaba que eran gays.  Entre ellos se encontraba JV, nuestro brillante profesor.

Johnny me dijo que había visto a JV en el bar Calipso, un lugar que yo ya conocía.  Ese bar estaba ubicado en una calle muy discreta del barrio de Miraflores, con vista a un pequeño parque. Ese local estaba muy bien decorado y antes de ser de ambiente había sido un bar restaurante para público en general.  Yo ya había ido allí una vez con mi grupo de amigos y me agradó bastante.  Sin embargo, a ellos, que eran casi todos veinteañeros, no les gustó porque no había pista de baile.  Yo en cambio estaba encantado de estar en un lugar de ambiente donde se podía conversar y beber unos tragos, viendo vídeos de MTV.  Aunque al inicio me sorprendió mucho saber que mi exprofesor era gay, no me fue difícil imaginarlo frecuentando ese bar.

Nuevamente compruebo que mi radar gay no funcionaba bien en mi adolescencia, pues no fue capaz de detectar ni a mi compañero Johnny, ni a mi profesor JV.  Definitivamente es un instrumento que se va afinando con los años.

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