viernes, 30 de octubre de 2020
lunes, 26 de octubre de 2020
sábado, 24 de octubre de 2020
martes, 20 de octubre de 2020
EL BAR CALIPSO
El reciente post que me enviaste sobre la economía peruana me ha motivado a escribir esta pequeña historia.
Es verdad que la economía del país ha mejorado mucho en los últimos treinta años, a pesar de los desastrosos gobiernos que hemos tenido en esa misma época. El que el Perú sea ahora un país atractivo para vivir lo atribuyo, en parte, a la buena calidad de la formación de los economistas, de la cual yo, modestamente, también me he beneficiado.
Uno de los economistas más reconocidos en América Latina es JV, exalumno de mi facultad a quien, apenas regresó de haber obtenido su doctorado en Estados Unidos, le asignaron el dictado de un curso altamente teórico de economía. Fue un desafío seguir ese curso porque lo enseñaba a nivel de doctorado y no de bachillerato, aunque luego de una protesta por parte de nosotros, tuvo que simplificarlo un poco. JV era un profesor muy serio y dedicado, y no socializaba con nosotros, a diferencia de otros profesores que les encantaba ser populares.
Pasados algunos años, cuando ya frecuentaba las discotecas de ambiente, me encontré sorpresivamente en una de ellas con un amigo cercano de la promoción, que había resultado ser gay también. En nuestra conversación, Johnny me hizo una breve lista de la gente que conocimos en la universidad y que a él le constaba que eran gays. Entre ellos se encontraba JV, nuestro brillante profesor.
Johnny me dijo que había visto a JV en el bar Calipso, un lugar que yo ya conocía. Ese bar estaba ubicado en una calle muy discreta del barrio de Miraflores, con vista a un pequeño parque. Ese local estaba muy bien decorado y antes de ser de ambiente había sido un bar restaurante para público en general. Yo ya había ido allí una vez con mi grupo de amigos y me agradó bastante. Sin embargo, a ellos, que eran casi todos veinteañeros, no les gustó porque no había pista de baile. Yo en cambio estaba encantado de estar en un lugar de ambiente donde se podía conversar y beber unos tragos, viendo vídeos de MTV. Aunque al inicio me sorprendió mucho saber que mi exprofesor era gay, no me fue difícil imaginarlo frecuentando ese bar.
Nuevamente compruebo que mi radar gay no funcionaba bien en mi adolescencia, pues no fue capaz de detectar ni a mi compañero Johnny, ni a mi profesor JV. Definitivamente es un instrumento que se va afinando con los años.
miércoles, 14 de octubre de 2020
domingo, 11 de octubre de 2020
JOHNLENNON Y DON ARMANDO
Poco tiempo después de haberme graduado de la universidad, ingresé a trabajar en el Ministerio de Economía. Fue en 1983, cuando yo tenía 23 años y me encontraba encerrado en la oscuridad del armario.
Un par de años después, Eduardo, un economista unos doce años mayor que yo, fue ascendido a director. Con la experiencia que he adquirido con el tiempo, puedo afirmar ahora que Eduardo era (es) bisexual, a pesar de que él estaba casado y de que mantuviera un romance, muy poco disimulado, con una abogada amiga mía, Nuestra relación laboral siempre fue buena y mutuamente respetuosa. Sin embargo, en las actividades sociales y de camaradería, yo notaba en él algunas actitudes hacia mí y hacia los demás jóvenes profesionales, en las que manifestaba sentirse muy a gusto con nosotros y hasta una cierta picardía.
Cuando surgieron dos vacantes en la dirección, Eduardo contrató a dos economistas un poco mayores que yo y con los cuales tuve buena amistad. El primero en ser contratado fue Manuel, cuya mayor virtud era ser simpático y divertido. Y lo que noté inmediatamente fue la gran familiaridad que tenía con Eduardo, obviamente se conocían bastante bien. Lo cual, pasado el tiempo, me ha hecho sospechar que Manuel también era bisexual. Freddy, el siguiente contratado, era más tranquilo e introvertido, pero muy capaz como economista. Con él tuve un poco más de confianza que con Manuel e inclusive una vez le pregunté, haciendo un esfuerzo de ingenuidad, por qué todavía estaba soltero. Me respondió que la razón me sorprendería. A buen entendedor, pocas palabras.
Y es aquí que aparecen los protagonista de esta historia. Johnlennon era el apodo de un joven amigo de Manuel que iba a visitarlo en la oficina con cierta frecuencia. Nunca retuve su verdadero nombre porque ese apodo le caía clavado, tenía cierto parecido con el Beatle y él lo acentuaba llevando el cabello largo y gafas redondas, muy similares a los que usaba el famoso. Johnlennon tendría más o menos treinta años y era un tipo muy amable y cortés, de esos que ya te caen simpáticos con solo verlos.
La oficina era grande con varios escritorios, pero sin cubículos separadores, así que no podía dejar de escuchar un poco de lo que conversaban Johnlennnon y Manuel. Estaba claro que Johnlennon también era amigo de Eduardo, e incluso le dejaba recados con Manuel. Según me dijeron él administraba un restaurante o algo similar allí en el centro. Y lo que sí recuerdo muy claramente es que siempre hacían mención de un tercer hombre, cuyo nombre francamente no recuerdo y al que por simplificación, llamaré Armando, quien yo suponía que era socio de Johnlennon en el restaurante.
Sería probablemente en 1986 que, para el almuerzo de camaradería por el aniversario de la dirección general, en el club del Ministerio, contrataron los servicios de Johnlennon y Armando. La reunión estuvo bastante animada y me daba gusto ver a Johnlennon haciendo su trabajo, esmerándose bastante para atendernos. Pasadas algunas horas la gente comenzó a retirarse, sobre todo las mujeres, y al final como es tradicional, los hombres de la dirección hicimos una ronda para conversar, tomando cerveza y comiendo bocadillos, ahora por cortesía de Johnlennon y Armando. Eduardo casi no compartió con nosotros porque estaba en otro ambiente, con los jefes.
Fue entonces que, finalmente, pude conocer a don Armando. Y lo llamo don Armando porque el señor tenía unos 65 años, sino más. En la ronda estuvo justo al lado de Johnlennon todo el tiempo. Don Armando no hablaba mucho pero recuerdo que estaba siempre sonriente y lo que más me llamó la atención fue el alto grado de confianza y afinidad que tenía con Johnlennon. Por su parte, Johnlennon se mostraba siempre muy atento y considerado con don Armando. A pesar de mi nula experiencia fuera del armario, pude percibir que entre ellos había afecto y complicidad. Tanto así que, ya terminada la reunión, me retiré con Freddy y le pregunté, con esforzada ingenuidad, si Johnlennon y don Armando eran parientes porque había notado mucha confianza entre ellos. No, me dijo, son grandes amigos.
Adicionalmente, durante esa ronda me di cuenta que entre Manuel, Freddy y la pareja, hacían referencia a ciertas cosas o situaciones que yo no entendía del todo. Ahora me parece obvio que todos ellos, incluido Eduardo, formaban parte de un grupo de amigos gays y pienso que, si me permitieron alternar con ellos, es porque algo debieron percibir en mí. Yo era totalmente inexperto, en cambio ellos, siendo mayores, tenían su radar gay en pleno funcionamiento, en cuanto yo me esforzaba en no dejar que nadie notase mi orientación sexual.
Por otro lado, el estar este asunto muy vinculado a mi situación laboral pienso que, tal vez, como sucede con frecuencia, podría haber sido víctima de acoso, abuso o chantaje. Tuve suerte de haber tenido una relación muy amistosa y respetuosa con ellos.
Según recuerdo, solo participé en una o dos reuniones más, en las que estuvieron presentes Johnlennon y don Armando. Lamentablemente, fueron pocas las ocasiones en las que compartí con ellos y recién caigo en la cuenta de que fue la primera pareja gay que conocí y, especialmente, con una diferencia de edad grande entre ellos. Y, lo que son las cosas, ahora me encuentro en una edad cercana a la de don Armando, esperando conocer a mi Johnlennon.
miércoles, 7 de octubre de 2020
domingo, 4 de octubre de 2020
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Esta bellísima balada me cautivó hace 40 años. Su letra continúa tan relevante en mi vida, como entonces.