Poco tiempo después de haberme graduado de la universidad, ingresé a trabajar en el Ministerio de Economía. Fue en 1983, cuando yo tenía 23 años y me encontraba encerrado en la oscuridad del armario.
Un par de años después, Eduardo, un economista unos doce años mayor que yo, fue ascendido a director. Con la experiencia que he adquirido con el tiempo, puedo afirmar ahora que Eduardo era (es) bisexual, a pesar de que él estaba casado y de que mantuviera un romance, muy poco disimulado, con una abogada amiga mía, Nuestra relación laboral siempre fue buena y mutuamente respetuosa. Sin embargo, en las actividades sociales y de camaradería, yo notaba en él algunas actitudes hacia mí y hacia los demás jóvenes profesionales, en las que manifestaba sentirse muy a gusto con nosotros y hasta una cierta picardía.
Cuando surgieron dos vacantes en la dirección, Eduardo contrató a dos economistas un poco mayores que yo y con los cuales tuve buena amistad. El primero en ser contratado fue Manuel, cuya mayor virtud era ser simpático y divertido. Y lo que noté inmediatamente fue la gran familiaridad que tenía con Eduardo, obviamente se conocían bastante bien. Lo cual, pasado el tiempo, me ha hecho sospechar que Manuel también era bisexual. Freddy, el siguiente contratado, era más tranquilo e introvertido, pero muy capaz como economista. Con él tuve un poco más de confianza que con Manuel e inclusive una vez le pregunté, haciendo un esfuerzo de ingenuidad, por qué todavía estaba soltero. Me respondió que la razón me sorprendería. A buen entendedor, pocas palabras.
Y es aquí que aparecen los protagonista de esta historia. Johnlennon era el apodo de un joven amigo de Manuel que iba a visitarlo en la oficina con cierta frecuencia. Nunca retuve su verdadero nombre porque ese apodo le caía clavado, tenía cierto parecido con el Beatle y él lo acentuaba llevando el cabello largo y gafas redondas, muy similares a los que usaba el famoso. Johnlennon tendría más o menos treinta años y era un tipo muy amable y cortés, de esos que ya te caen simpáticos con solo verlos.
La oficina era grande con varios escritorios, pero sin cubículos separadores, así que no podía dejar de escuchar un poco de lo que conversaban Johnlennnon y Manuel. Estaba claro que Johnlennon también era amigo de Eduardo, e incluso le dejaba recados con Manuel. Según me dijeron él administraba un restaurante o algo similar allí en el centro. Y lo que sí recuerdo muy claramente es que siempre hacían mención de un tercer hombre, cuyo nombre francamente no recuerdo y al que por simplificación, llamaré Armando, quien yo suponía que era socio de Johnlennon en el restaurante.
Sería probablemente en 1986 que, para el almuerzo de camaradería por el aniversario de la dirección general, en el club del Ministerio, contrataron los servicios de Johnlennon y Armando. La reunión estuvo bastante animada y me daba gusto ver a Johnlennon haciendo su trabajo, esmerándose bastante para atendernos. Pasadas algunas horas la gente comenzó a retirarse, sobre todo las mujeres, y al final como es tradicional, los hombres de la dirección hicimos una ronda para conversar, tomando cerveza y comiendo bocadillos, ahora por cortesía de Johnlennon y Armando. Eduardo casi no compartió con nosotros porque estaba en otro ambiente, con los jefes.
Fue entonces que, finalmente, pude conocer a don Armando. Y lo llamo don Armando porque el señor tenía unos 65 años, sino más. En la ronda estuvo justo al lado de Johnlennon todo el tiempo. Don Armando no hablaba mucho pero recuerdo que estaba siempre sonriente y lo que más me llamó la atención fue el alto grado de confianza y afinidad que tenía con Johnlennon. Por su parte, Johnlennon se mostraba siempre muy atento y considerado con don Armando. A pesar de mi nula experiencia fuera del armario, pude percibir que entre ellos había afecto y complicidad. Tanto así que, ya terminada la reunión, me retiré con Freddy y le pregunté, con esforzada ingenuidad, si Johnlennon y don Armando eran parientes porque había notado mucha confianza entre ellos. No, me dijo, son grandes amigos.
Adicionalmente, durante esa ronda me di cuenta que entre Manuel, Freddy y la pareja, hacían referencia a ciertas cosas o situaciones que yo no entendía del todo. Ahora me parece obvio que todos ellos, incluido Eduardo, formaban parte de un grupo de amigos gays y pienso que, si me permitieron alternar con ellos, es porque algo debieron percibir en mí. Yo era totalmente inexperto, en cambio ellos, siendo mayores, tenían su radar gay en pleno funcionamiento, en cuanto yo me esforzaba en no dejar que nadie notase mi orientación sexual.
Por otro lado, el estar este asunto muy vinculado a mi situación laboral pienso que, tal vez, como sucede con frecuencia, podría haber sido víctima de acoso, abuso o chantaje. Tuve suerte de haber tenido una relación muy amistosa y respetuosa con ellos.
Según recuerdo, solo participé en una o dos reuniones más, en las que estuvieron presentes Johnlennon y don Armando. Lamentablemente, fueron pocas las ocasiones en las que compartí con ellos y recién caigo en la cuenta de que fue la primera pareja gay que conocí y, especialmente, con una diferencia de edad grande entre ellos. Y, lo que son las cosas, ahora me encuentro en una edad cercana a la de don Armando, esperando conocer a mi Johnlennon.
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